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La herida de traición

– Máscara – controlador –

La herida surge entre los dos y los cuatro años de edad, cuando se desarrolla la energía sexual y aparece lo que ha dado en llamarse el complejo de Edipo. Esta herida se vive con el progenitor del sexo opuesto. En esta etapa, niños y niñas hacen todo lo posible para obtener el afecto del progenitor del sexo opuesto e intentan asimismo protegerlo, aun cuando les decepciona no recibir la atención deseada.

Por desgracia, el complejo de Edipo no evoluciona adecuadamente en la mayor parte de los casos porque la madre es muy posesiva con su hijo, mientras el padre lo es con su hija.

El alma que se encarna con la finalidad de sanar la herida de traición elige a padres que ejercen la seducción con el hijo, y que por lo general se centran en si mismos.

El adulto con herida de traición será un desconfiado empedernido, ya que no se permite confiar en nada ni nadie. Su mayor miedo es la mentira y buscará de manera inconsciente involucrarse en situaciones en las que irremediablemente será traicionado. Cumpliéndose la profecía que el mismo decretó: “no confíes en nadie, todo el mundo te traiciona”. La mayoría de quienes experimentan celos tuvieron vivencias de traición en su niñez. Como al controlador le es difícil aceptar cualquier forma de traición, proveniente de ellos mismos o de los demás, hacen todo lo que está en sus manos por ser personas responsables, fuertes, especiales e importantes. Tiende a “adelantarse”, es decir, a intentar prever todo para el mañana. Mientras más profunda sea la herida, mas deseará tener el control y prever el porvenir, sobre todo para evitar sufrir la traición. El padre controlador exigirá que sus hijos sean rápidos y aprenderán con rapidez, que eso es exactamente lo que se exige a sí mismo.

El temor más grande es la disociación en todas sus formas. Para este tipo de personas es sumamente difícil separarse de su pareja lo cual es una forma de disociación y representa una derrota inmensa ya que la separación le recuerda que no tuvo control sobre la relación.

Si temen comprometerse es porque también temen a la separación.

  • Cree que es muy fuerte y tiene un montón de responsabilidades.
  • Quiere ser percibido como fuerte y especial. Siempre está hablando de sí mismo y sus logros.
  • Tiene dificultades para mantener sus promesas.
  • Se enfada con facilidad.
  • Es seductor y manipulador.
  • Toma el poder y hace que los demás se sientan débiles.
  • Cambia fácilmente su estado de ánimo.
  • Cree que es dueño de la verdad y la impone a otros también.
  • Es intolerante.
  • Se esfuerza para que sus actuaciones sean valoradas.
  • No acepta sus vulnerabilidades.
  • No sabe confesar sus errores.

Esta herida se abre cuando personas cercanas al niño no cumple sus promesas, haciendo que se sientan traicionado y engañado. Como consecuencia, se genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y en otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.

Padecer estos problemas en la infancia construye personalidades controladoras y perfeccionistas. Son personas que quieren tenerlo todo atado y reatado, sin dejar nada al azar.

Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás. Esto se justifica, frecuentemente, por la presencia de un carácter fuerte; sin embargo, digamos que obedece a un mecanismo de defensa, un escudo de protección ante el desengaño.

Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar, haciendo así que se cumplan sus prejuicios, tiene que trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solos y a delegar responsabilidades.

Al conocer esta herida del alma que puede afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarla.

Consecuencias de vivir herido

1. No vivir intimidad ya que al permitir el encuentro con el otro podría descubrir las partes vulnerables de la persona y esto sería muy peligroso para el niño que se está protegiendo.

2. Sentirnos vacíos constantemente ya que al vivir sosteniendo la máscara no se permite el espacio para la expresión profunda del verdadero ser.

3. Genera historias repetitivas como consecuencia de vivir con la máscara puesta atraeremos las situaciones que nos recuerden que tenemos una herida sin resolver y será hasta que la máscara sea aceptada y resuelta que dejemos de vivir las mismas situaciones.

4. Negar y no llenar mis verdaderas necesidades ya que la máscara no permite el contacto con el verdadero ser, no es posible contactar con el yo más profundo.

5. Sobrevivir sin vivir la verdadera vida ya que las heridas se generaron en la niñez y podemos estar viviendo la vida con el niño interior herido al mando.

Los 5 retos de las heridas

1. Restablecer al verdadero yo, dejarle el consuelo, validar las heridas y dejar florecer el alma libre.

2. Desahogar el dolor, permitirse expresar el dolor que se generó en la infancia y ver el tamaño de la herida.

3. Fortalecer al adulto como el protector principal, es conectar al niño con el adulto para que se dé la nueva relación interna.

4. Dejar de reforzar el sistema del que provengo ya que es obsoleto, esto es importante porque al dejar de repetir o justificar la historia de la que provenimos hay mayor pronóstico de sanación.

5. Saciar el hambre que quedó pendiente, darle al niño el amor, el cuidado y la escucha que no recibió, desde el adulto que ahora soy.

Cuestionario para conocer si tienes la herida de traición

1.- ¿Desconfías o te cuesta confiar aunque la confianza esté probada?

2.- ¿Siempre tienes altas expectativas de todo y de todos?

3.- ¿Eres un organizador de vida, vas de prisa y haces varias cosas a la vez?

4.- ¿Sueles sentirte que siempre tienes la razón?

5.- ¿Eres mental, intuitiva y odias la mentira?

Si tienes 3 o más de estas preguntas positivas tienes la herida de traición.

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